26 August 2026
Carta abierta a Anthony Fauci

Santiago de Querétaro, México, a 26 de agosto de 2026

Anthony Fauci:

Usted no me conoce realmente, pero podría decirse que hemos conversado, aunque haya sido durante poco menos de una hora. Si continúa leyendo hasta el final mi carta, comprenderá a qué me refiero. Pero antes, me presento; la educación y el civismo son siempre importantes.

Mi nombre es Karina Acevedo Whitehouse. Soy Investigadora Científica y Profesora de Virología, Epidemiología e Inmunología Ecológica a nivel universitario. Supongo que podría decirse que de cierta forma somos colegas profesionales, aunque resulta evidente que tenemos visiones muy diferentes sobre lo que es correcto y lo que es incorrecto, sobre los límites que no debieran cruzarse jamás y sobre la aceptación (o rechazo, en mi caso) de la creencia que los fines justifican los medios.

Tal vez cree que le escribo a raíz de lo que ha sido exhibido en su diario personal en las últimas semanas, pero no es así. Debo confesar, sin embargo, que leerlo me produjo una impresión difícil de ignorar: percibí en esas páginas un ego considerable, una necesidad intensa de reconocimiento y, sobre todo, una inseguridad que me resultó sorprendente.

No soy psicóloga y no pretendo hacer un diagnóstico de su personalidad. Tampoco quiero detenerme demasiado en lo que esas páginas puedan revelar sobre su mundo interior. No hagamos más grande la vergüenza de que haya quedado expuesto algo que quizá preferiría haber mantenido privado. Centrémonos en los hechos. Al final, somos científicos, y lo que importan son los hechos. Precisamente, me refiero a los hechos que considero demostrativos de graves problemas de integridad científica y de ética y deontología científica, porque son esos los que me impulsan a escribirle hoy.

Como le indiqué, una de las asignaturas que imparto en mi universidad es, precisamente, Virología, y estoy preparando material nuevo sobre los estudios de ganancia de función. Sí, sé que usted tiene mucha experiencia en el tema. Precisamente, en ese contexto me encontré con un artículo que usted publicó en 2012: “Investigación sobre virus de influenza H5N1 altamente patogénico: el camino a seguir” (pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3484390/pdf/mBio.....)

¿Lo recuerda?

En él, usted reconocía que existían riesgos reales asociados con estos experimentos y planteaba precisamente el problema que, años después, habría de adquirir una dimensión extraordinaria: un experimento realizado en un laboratorio de primer nivel, bajo condiciones aparentemente seguras, podía generar información que posteriormente fuera utilizada por alguien que no tuviera la misma capacitación, instalaciones o controles, y que eventualmente se produjera una infección capaz de desencadenar una pandemia.

Lo que encuentro particularmente llamativo es que, en el mismo artículo, usted escribió que sostenía que los beneficios de esos experimentos y del conocimiento resultante superaban los riesgos. Es difícil leer hoy esas palabras sin detenerse.

No porque usted hubiera predicho la pandemia de COVID-19; no sería científicamente serio afirmar algo así, sino porque usted mismo describió, ocho años antes, un escenario hipotético en el que una investigación con un virus de potencial pandémico podía conducir, mediante una cadena de acontecimientos, a una pandemia. Y, sin embargo, concluyó que los beneficios podían superar ese riesgo.

Confieso que es impresionante notar con cuánta claridad era usted capaz de describir un futuro que, tan solo ocho años después, resultó ser nuestro presente.

No me interesa caricaturizar su posición del 2012. Al contrario: me interesa tomarla en serio. Usted sabía que existían riesgos. Usted sabía que había conflictos de interés que debían considerarse. Usted sabía que la transparencia era indispensable. Y aun así consideraba que los beneficios podían justificar esos riesgos. Por eso, quiero hacerle una pregunta que considero mucho más importante que cualquier discusión política:

¿Fue precisamente esa convicción, la de que los beneficios de determinados experimentos podían superar sus riesgos, una de las razones por las que usted apoyó o toleró la financiación federal de investigaciones de este tipo, incluida la investigación con los beta coronavirus, financiada a través de EcoHealth Alliance y relacionada con el Instituto de Virología de Wuhan?

Si su respuesta es no, le agradecería que explicara entonces cuál fue exactamente su posición respecto de esa financiación, qué conocía de las investigaciones que se realizaban, cuándo lo conoció y por qué no alertó al gobierno.

Sé que usted cuenta con un indulto presidencial que le protege, al menos a nivel federal. Y sé que el 29 de julio de 2026 compareció ante el Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado. También sé que invocó la quinta enmienda de la Constitución en numerosas ocasiones durante aquella comparecencia. El propio Senado y miembros del Comité han documentado públicamente el uso reiterado de ese derecho. De hecho, según el senador Ron Johnson, usted invocó la quinta enmienda 111 veces.

No voy a atribuirle el motivo por el que decidió hacerlo. No lo conozco ni pretendo conocer sus motivos. Pero sí puedo preguntarle:

¿Por qué?

¿Por qué invocar la protección contra la autoincriminación 111 veces en una comparecencia pública después de haber recibido un indulto presidencial?

¿Qué era exactamente lo que no estaba dispuesto a responder?

En los últimos días se ha producido un hecho que, a mi juicio, cambia sustancialmente la gravedad de algunas de las preguntas que usted debe responder.

El 18 de agosto de 2026, quien fuera su asesor principal, el Dr. David Morens, se declaró culpable ante un tribunal federal de conspiración para cometer delitos y defraudar al Gobierno de Estados Unidos, en relación con un esquema destinado a evadir las obligaciones federales de conservación y divulgación de registros. El expediente judicial describe el uso de cuentas personales para determinadas comunicaciones relacionadas con subvenciones de investigación sobre coronavirus. También recoge que Morens recibió vino de uno de los co-conspiradores – el Dr. Peter Daszak, CEO de EcoHealth Alliance – por, en sus propias palabras: sus "behind-the-scenes shenanigans" (engaños tras bambalinas).

No estoy afirmando que usted haya participado en los delitos por los que el Dr. Morens se declaró culpable. No tengo pruebas para hacer semejante afirmación. Pero, usted era su superior. Y por eso mis preguntas son inevitables:

¿Qué sabía usted?

¿Cuándo lo supo?

¿Qué comunicaciones tuvo con el Dr. Morens sobre estas cuestiones?

¿Le informó él de que estaba utilizando canales privados para tratar asuntos que debían conservarse en los sistemas oficiales?

¿Le pidió usted alguna vez que lo hiciera?

¿Lo supo y lo toleró?

¿O realmente no sabía nada?

Me gustaría poder preguntarle, sosteniendo su mirada:

¿Fue así?

¿Los beneficios de los experimentos de ganancia de función fueron mayores que todo el daño que ocasionaron?

¿Fueron mayores esos beneficios que todo el daño derivado de las medidas de salud pública que usted propuso y defendió?

¿Fueron mayores los beneficios que el daño sufrido por quienes experimentaron acontecimientos adversos graves después de la vacunación?

¿Fueron mayores que el costo de las decisiones que afectaron durante meses o años la educación de millones de niños en todo el mundo?

¿Fueron mayores que el sufrimiento de los ancianos que murieron en soledad?

¿Fueron mayores que el de las familias que perdieron a sus seres queridos sin poder despedirse de ellos?

¿Fue mayor el beneficio de realizar ingeniería genética con virus de potencial pandémico que el daño que sufrió la humanidad desde 2020?

Y si su respuesta sigue siendo que sí:

¿Con qué criterios científicos y éticos hace usted ese balance?

No tiene que acogerse a la quinta enmienda. No soy abogada, no pertenezco al senado y ni siquiera soy estadounidense, así que puede responderme. Le aseguro que aunque quizá no lo parezca ahora, existe una forma de sentirse más ligero: saber que uno está siendo honesto.

No le hablo de purgatorios ni de infiernos ni de karma ni de castigos divinos. Le hablo de la ligereza de saberse un hombre honesto.

Si ha cometido errores, todavía puede reconocerlos.

Si ha ocultado algo, todavía puede decir la verdad.

Si se equivocó, todavía puede admitirlo.

No tiene que hacerlo por mí.

Puede hacerlo por usted mismo.

Solamente no se engañe a sí mismo. Engañarse a uno mismo es siempre la forma más sencilla de comenzar a engañar a otros.

¿He sido muy dura con usted, un hombre de 85 años que ha dedicado más de cuatro décadas a la salud pública?

No lo creo.

La edad no convierte las decisiones de una persona en incuestionables. Cuanto mayor es la responsabilidad que alguien ha ejercido, mayor es también la obligación de responder por ella. Y cuando las decisiones de una persona han afectado a millones, la pregunta no desaparece porque esa persona haya envejecido.

No le quitaré más tiempo. Agradezco que me haya leído hasta aquí. Tal vez haya llegado a este punto preguntándose cuándo, exactamente, es que usted y yo conversamos. Es justo que se lo diga.

Hace varios años, en plena pandemia (el 1 de marzo de 2021, para ser exactos), me contactó una médica, a la que llamaré Dra. E. Quería pedirme asesoría para una persona que iba a entrevistarse con usted sobre las vacunas. Esa persona era Eugenio Derbez.

¿Lo recuerda?

Eugenio Derbez era, y sigue siendo, una figura con enorme influencia entre la comunidad hispana. Usted probablemente sabía que tenía reticencias respecto de la vacunación contra el COVID y que su opinión podía influir sobre muchas personas.

Junto con una amiga y colega, a la que llamaré Dra. R, acepté el encargo y elaboramos una serie de preguntas que considerábamos importantes y desarrollamos explicaciones detalladas para que Eugenio pudiera comprender los aspectos científicos detrás de ellas.

La verdad es que no sé hasta qué punto él supo quiénes habíamos elaborado aquel material. Lo que sí sé es que usted probablemente no sabía que, detrás de algunas de las preguntas que recibió de Eugenio Derbez aquel día, había dos científicas que habían dedicado tiempo a prepararlas. Así que, aquella no fue exactamente la conversación que usted creyó que estaba teniendo.

Tal vez esperaba usted una entrevista relativamente sencilla: un famoso comediante preguntando sobre las vacunas y usted, como máxima autoridad sanitaria de los Estados Unidos, proporcionando las respuestas. Sin embargo, la conversación resultó diferente: Eugenio hizo preguntas difíciles. No todas las que habíamos preparado llegaron a formularse, pero sí suficientes para que la conversación se apartara de lo que quizá usted había previsto.

Su incomodidad me resultó evidente. Años después, sigo preguntándome por qué.

Comprendo que tal vez ya lo olvidó – uno suele olvidar más fácilmente aquello que es doloroso recordar, así que le comparto el enlace por si necesita recordarlo (instagram.com/tv/CMTZEA-j-4I/?igsi=MW50dGF2YTF6czM....)

En aquel momento, intentar contactarle directamente y hacerle aquellas preguntas no era una opción para mí. Había constatado cómo científicos reconocidos, de las mejores instituciones del mundo, como Sunetra Gupta, Jay Bhattacharya y Martin Kulldorff, fueron objeto de fuertes ataques públicos por sus posicionamientos y propuestas, contrarias a las suyas, durante la pandemia. Y vi y como Organizaciones como JAMA Network Open Study, el Centro para Contrarrestar Odio Digital (CCDH) y hasta el Washington Post y Associated Press compilaban nombres, que exhibían, de médicos y científicos en una lista de desinformadores.

Así que hice algo distinto. Seguí divulgando ciencia a un grupo, cada vez más grande, de personas que no tienen otra agenda que la de comprender y decidir por ellos mismos. Llevo más de seis años dedicando el tiempo que puedo para acercar el conocimiento sobre los virus, el sistema inmune y la epidemiología al público en general. Esa ha sido, en buena medida, mi respuesta a usted y a los que considero que exageraron, confundieron o presentaron de manera irresponsable narrativas en torno a la pandemia.

Puede parecer poco, pero quizá no lo sea. El poder de una persona no siempre reside en el cargo que ocupa. Cuando se obra desde la ética, la honestidad y el desinterés, las acciones individuales pueden tener más fuerza y potencial que lo que ningún puesto institucional proporcionaría.

Así que esta es nuestra segunda conversación. Esta vez la hago de frente.

Sé que no probablemente nunca recibiré una respuesta de usted, pero no importa. No le escribí porque espere una respuesta. Le escribí porque hay preguntas que considero demasiado importantes para dejar de formularlas.

Usted dedicó décadas a la salud pública. Ocupó una posición desde la que millones de personas confiaron en sus palabras. Por eso creo que tiene una responsabilidad que no termina cuando abandona el cargo.

Solo usted puede responderse las preguntas que le he planteado. Y quizá esa sea la conversación más importante que tendrá sobre todo esto.

No conmigo.

Con usted mismo.

Sinceramente,

Karina Acevedo Whitehouse, MVZ, M en C, PhD

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  1. Virtudes López Perea, Terapeuta ocupacional, Personal, Valencia
  2. Isabel Martín Gómez, Matemática, alcaldesa de Paiporta 2015-2021, Paiporta (València) Spain
  3. LUCIANO ECHENIQUE, Retired, Personal, México city
  4. Rubén Díaz Belinchón, Recaudador Ejecutivo Seguridad Social, Tesorería General Seguridad Social, VALENCIA (ESPAÑA)
  5. Felipe Robledo, Jubilado, None, San Juan del Río, Qro.
  6. Paola Catalina Velasquez Carvajal, Comunicadora, Ninguna, Tabio, Colombia
  7. Víctor Salvador, Profesor, Valencia
  8. Adoración Sánchez Ramos, Cuidadora de Adultos Mayores, Independiente, Colima, México.
  9. MANUEL MUÑIZ DELGADO, jubilado, ZAMORA
  10. Luis Felipe Mendoza Hernandez, Engineer, Personal, Coyoacan
  11. Alejandro, Sarabia, Taxista, Elche, Alicante, España
  12. Carlos David Téliz Gutiérrez, Sociólogo, EFINFO, México
  13. Noé Pacheco, Matemático, The coaching web, Cdmx
  14. María Purificación Martínez Vilariño, Médico Medicina Familiar y Comunitaria, Médico Servicio Madrileño de Salud, España
  15. Lidia Lozano, Terapias alternativas, Personal, Monterrey, Mex
  16. Irene LOSANTOS Losantos, Madre, Madrid
  17. Raymond Christopher Lodge Letelier, Curarrehue, Araucanía, Chile
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  1. Marge Ypema, Jubilada, Cary
  2. José Alberto Zamudio De Hoyos, médico veterinario zootecnista, Toluca
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  18. Esther Rodriguez, Psicóloga, Sanluispotosi
  19. Fabiola Jose, Musica, Personal, CARACAS
  20. M. Jesús Cobos, Infermera, Andorra